Triduo en honor de María Santísima del Consuelo. Día 2

Monición de entrada

En este segundo día del triduo a María Santísima del Consuelo, nos volvemos a unir en oración como hermandad y como comunidad parroquial entorno a nuestra Madre María.

Nos unimos con el deseo de seguir conociendo a quien habita en su corazón, a quien fue el centro de su vida: a Jesús. Hagámoslo con el corazón dispuesto a unirse al de todos los que nos rodean para, juntos, llegar a ser todos hijos de María, como hermanos de Jesús que somos.

Somos, los hombres y mujeres que intentamos conocer cada día más a Dios y vivir consistentemente como hijos suyos y resultamos ser bichos raros y aburridos para los no creyentes y para los que toman su religión sólo como una serie de obligaciones externas y de ritos religiosos. No hay lugar para los cristianos que vamos contra corriente, ya que nuestro modo de vida perturba las formas establecidas de la sociedad. Ello irrita a los no creyentes y éstos, quieren probar la fe de los que ponen su confianza en Dios. Uno tiene que acomodarse, o si no…

La persona que expresa sus quejas en el Libro de la Sabiduría era una de esas personas molestas y que suelen aburrir. Jesús también lo fue. ¿Y nosotros, qué?

Ofrecimiento a la Virgen.
Hoy ponemos delante de ti, Madre nuestra, esta vara de la hermandad y con ella nuestro deseo de dejarnos guiar sólo por tu Hijo, nuestro Señor, por sus criterios, por su entrega, por su vida.

Las fajas de nuestros costaleros, signo de protección para peso y la carga, sintiendo con esto que Tu Hijo es el que sostiene nuestras vidas, nos ayudas y nos proteges en la carga de nuestras cruces diarias.

Las baquetas de nuestros miembros de la banda, porque queremos ser instrumentos del amor de Dios para todos los hermanos.

Y con estos símbolos, hoy, ponemos en las manos de nuestra Madre María Santísima del Consuelo a todos los hermanos costaleros y los hermanos miembros de nuestra banda.

EVANGELIO: Lectura del santo evangelio según san Juan
7,1-2.10.25-30

Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: “¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías?
Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.” Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: “A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.” Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor

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